Imagina un lugar donde las tradiciones culinarias combinan influencias, malayas, indias, indígenas africanas, portuguesas, holandesas e incluso francesas. Parece imposible, ¿verdad? Pues en Sudáfrica no solo es posible, sino que esta fusión se ha trasladado a su cocina del día a día con una oferta que va desde guisos especiados hasta carnes a la parrilla o deliciosos panes rellenos de curry.
Emprendamos un viaje gastronómico por el mapa de Sudáfrica, recorriendo sus ciudades y sus sabores únicos. Y, por supuesto, no nos olvidemos del vino, porque si hay algo que los sudafricanos saben hacer tan bien como cocinar es brindar con una buena, y generosa, copa de su extraordinaria producción vinícola.
Ciudad del Cabo: una fusión de sabores




Platos típicos de Ciudad del Cabo: Cape Malay Curry, snoek en escabeche, bobotie y tarta de leche
Primera parada: Ciudad del Cabo. Aquí, bajo la icónica Table Mountain, la escena culinaria refleja el espíritu cosmopolita y ecléctico de la ciudad. Ninguna experiencia estará completa sin probar el querido Cape Malay Curry, un guiso traído por esclavos del sudeste asiático hace siglos. Es dulce, especiado y aromático, a menudo acompañado de arroz amarillo y sambal. Solo un consejo: no uses tu camisa blanca favorita, este curry no perdona.
Más allá del curry, la influencia de las comunidades indígenas khoisan y xhosa se percibe en el uso de ingredientes locales como mariscos, maíz y carnes de caza. Un plato tradicional, que además era el favorito de Nelson Mandela, es el "umngqusho", un guiso de maíz triturado y frijoles cocinado a fuego lento, a menudo servido con carne. La ubicación costera de la ciudad también significa que los mariscos frescos suelen ser impresionantes, con platos como el snoek a la parrilla y el pescado en escabeche como favoritos de los locales.
Y si hay algo que define la cocina de Ciudad del Cabo es su habilidad para fusionar tradiciones y crear algo único. Prueba el bobotie, por ejemplo, un pastel de carne especiada con un toque dulce, cubierto con una capa dorada de huevo y leche horneada. Su origen también se remonta a la influencia malaya del Cabo y se dice que es el plato nacional de Sudáfrica.

Los mercados de comida de Ciudad del Cabo también son un paraíso para los amantes de la gastronomía. En mercados como Old Biscuit Mill Market, el V&A Food Market o el Oranjezicht City Farm Market encontrarás platos artesanales de pequeños productores locales. Desde ostras recién sacadas del mar hasta empanadas de carne de caza, estos mercados reflejan la diversidad de la ciudad de una forma muy casual y divertida.
Si hablamos de comida callejera, entonces el gatsby será tu mejor amigo. Imagina una baguette gigantesca rellena de patatas fritas, carne (pollo, ternera o pescado) y una variedad de salsas y condimentos que lo convierten en un desafío para cualquier apetito. Si logras acabar uno entero, puedes considerarte un verdadero capetoniano.
Y para cerrar con un final dulce, el melktert es el postre perfecto. Esta tarta de leche se compone de una base crujiente y un relleno cremoso y ligero de leche y huevo, espolvoreado con canela. Es el tipo de postre que, después del primer bocado, te hace preguntarte por qué no pediste dos.

Johannesburgo: la cultura del braai


Braai y una salchicha boerewors
Al movernos a Johannesburgo, cariñosamente conocida como Jozi, nos adentramos en la capital de la comida callejera sudafricana y de las fiestas comunitarias. Aquí, la comida es más que una simple necesidad, es un estilo de vida.
El braai, la típica barbacoa sudafricana, es una auténtica institución social en el país y especialmente en Johannesburgo. Cada sudafricano está convencido de que su braai es el mejor, y tratar de argumentar lo contrario es una causa perdida. El menú no deja lugar a dudas: boerewors, la emblemática salchicha especiada, filetes marinados y jugosas chuletas de cordero, todo cocinado a la perfección sobre las brasas. Solo queda unirse al festín y disfrutar del ambiente.
Los braais no son solo reuniones familiares, también pueden ser eventos que congregan a toda la comunidad. En Johannesburgo es común que los barrios organicen encuentros donde se comparten carnes, bebidas y buenas conversaciones. Se pueden encontrar "shisa nyamas" (parrillas comunitarias) en los townships, donde la música y la comida se combinan para ofrecer una experiencia sudafricana auténtica.


Plato de chakalaka y mercado de productores
Platos tradicionales indígenas como el "chakalaka", un condimento picante de verduras, y el "pap en vleis", gachas de maíz con carne, son comunes en los braais, combinando sabores transmitidos a lo largo de generaciones. También se pueden encontrar platos como "mogodu", callos guisados, y "walkie talkies", patas y cabezas de pollo, que reflejan la tradición de aprovechar todas las partes del animal.
Pero Johannesburgo no es solo tradición, también es innovación. En los últimos años, la ciudad ha visto una explosión de restaurantes de alta cocina y mercados gastronómicos que reinterpretan los sabores sudafricanos con un toque moderno. Barrios como Maboneng y Braamfontein se han llenado de restaurantes donde la cocina fusión y la creatividad mandan, con propuestas culinarias que se han posicionado entre las mejores del continente.
Y para quienes buscan un ambiente más relajado, mercados como Neighbourgoods Market y Fourways Farmers Market son el paraíso de los foodies, ofreciendo desde versiones gourmet del bunny chow hasta helados artesanales con sabores inspirados en la flora autóctona.
Durban y la costa Este: Un toque de picante indio y comida zulu

Viajando hacia Durban, en la costa este, tu paladar recibirá un golpe de sabor. Esta ciudad es la capital del curry en Sudáfrica, famosa por su "bunny chow", un plato ingenioso de pan hueco relleno generosamente con un ardiente curry indio. Se dice que el bunny chow se originó como una comida práctica para los trabajadores, pero hoy en día es disfrutado por todos y ha evolucionado mucho. Es común encontrar versiones más innovadoras, como rellenos de pollo a la mantequilla o alternativas vegetarianas con lentejas y garbanzos. Advertencia: nunca volverás a ver una barra de pan de la misma manera.
Durban es hogar de la mayor comunidad india fuera de la India, y su influencia es inconfundible. Además de los curries, platos como las samosas, el roti y el breyani, una versión sudafricana del biryani, son muy populares. La influencia indígena zulú también es fuerte, con platos como el "uphuthu", una papilla de maíz desmenuzable, y el "amahewu", una bebida fermentada de maíz, que forman parte de la vida cotidiana en la región.

Kingklip
Pero si hay algo que la costa este de Sudáfrica hace realmente bien, es el marisco. Con el océano Índico bañando sus costas, Durban y sus alrededores ofrecen una impresionante variedad de pescados frescos y mariscos que van directo del mar al plato. El snoek, un pescado de sabor intenso, suele asarse a la parrilla con un glaseado dulce y especiado que resalta su carne firme. El kingklip, otro favorito local, es un pescado blanco de textura delicada que se disfruta al horno o en guisos aromáticos.
Y para los amantes del lujo marino, la langosta espinosa sudafricana, capturada en las aguas cristalinas de la región, es un manjar que se sirve a la parrilla con mantequilla de ajo o en sofisticadas preparaciones con curry.
Oeste y Norte: Sabores del desierto y tradición ancestral

A medida que nos alejamos de las costas y nos adentramos en las regiones áridas del Cabo Occidental, Cabo del Norte y el Estado Libre, la gastronomía toma un carácter más rústico, reflejando la vida en los paisajes desérticos y semidesérticos.
Uno de los mayores tesoros culinarios de esta región es el biltong, tiras de carne secada al aire con especias, una tradición que se remonta a los pueblos san y khoikhoi, quienes perfeccionaron la técnica de secado de la carne para conservarla durante largos períodos. Similar, pero con un toque más especiado, es el droëwors, una salchicha curada que es la opción de aperitivo favorita en todo el país.
Las comunidades Nama, descendientes de los antiguos khoikhoi, han influenciado platos emblemáticos de la región, como el kaiings, pequeños trozos de grasa de cordero fritos hasta quedar crujientes, o el boerebraai, una versión más campestre del braai, donde las carnes se cocinan lentamente al fuego con un fuerte énfasis en sabores ahumados y marinados largos.


Té rooibos y Plato de Potjiekos
En el lado más reconfortante de la gastronomía, el potjiekos es un guiso cocinado en una olla de hierro fundido sobre fuego lento. Esta tradición, que data de la época de los bóeres, se mantiene viva en las comunidades rurales del norte y el oeste del país. Se prepara con carne de caza, cordero o pollo, acompañado de verduras y especias, permitiendo que los sabores se desarrollen con el tiempo.
A pesar de la aridez del paisaje, la región también cuenta con productos únicos, como el rooibos, un arbusto endémico del Cabo Occidental cuya infusión se ha convertido en una bebida nacional. Originario de la cultura san, el té de rooibos se ha consumido durante siglos por sus propiedades medicinales y su sabor terroso, siendo hoy en día un producto mundialmente conocido.
Una ruta en busca del mejor vino de Sudáfrica




Vinos de Sudáfrica
Ningún viaje culinario por Sudáfrica está completo sin una copa o, mejor aún, una botella, de su extraordinario vino. Con un clima diverso y un suelo fértil, el país ha perfeccionado el arte de la viticultura, dando lugar a regiones vinícolas de renombre mundial, cada una con su propia personalidad y carácter.
El recorrido comienza en Stellenbosch, el alma del vino sudafricano. Situada a pocos kilómetros de Ciudad del Cabo, esta región es el corazón de la producción vinícola del país con una tradición que se remonta al siglo XVII, cuando los colonos plantaron los primeros viñedos. Sus valles ondulados y su clima mediterráneo crean las condiciones perfectas para tintos potentes como el Cabernet Sauvignon y el Shiraz y unos blancos muy elegantes.
Siguiendo el camino, Franschhoek se alza como la joya vinícola con más influencia francesa. Fundada por hugonotes en el siglo XVII, esta pequeña localidad parece sacada de un rincón de la Provenza. Aquí, el Chardonnay y el Semillon encuentran su máxima expresión y se celebran festivales tan importantes como el Franschhoek Wine Festival.
Más al norte, Paarl destaca por ser hogar de algunas de las bodegas más antiguas de Sudáfrica. Sus vastos viñedos producen una combinación de tintos robustos y blancos delicados. Y, en la costa, Walker Bay ofrece una experiencia completamente distinta. Su clima fresco, influenciado por la brisa del océano Atlántico, lo convierte en el lugar ideal para vinos refinados y elegantes. Aquí, el Pinot Noir y el Chardonnay se benefician de la frescura del entorno, dando como resultado vinos llenos de complejidad. No es casualidad que algunos de los mejores productores del país hayan elegido esta región para cultivar variedades que requieren un clima más templado.
Y podemos terminar con Swartland, una región que se está poniendo de moda con su apuesta por unos vinos innovadores y un espíritu rebelde. Sus bodegas se han alejado de las prácticas tradicionales para experimentar con métodos más naturales y menos intervencionistas, produciendo vinos que capturan la esencia del terroir sin artificios. El Chenin Blanc es el rey indiscutible de esta región, con expresiones que van desde afrutadas y frescas hasta profundas y complejas.
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